• Marcos Cueva

¿Te hace sentido?

Algunos países tienen expresiones particulares para señalar que algo es absurdo o no procede. Es el caso de Canadá, notoriamente del Québec francófono, donde se señala el absurdo como algo que no tiene bon sens (buen sentido). En Francia se generaliza más y de un modo un tanto arriesgado, cuando se dice que algo carece de sentido (de sens), sin el bon (bueno) de los quebequenses que introduce un matiz especial. En los países de habla hispana se usan menos este tipo de expresiones, tal vez porque, al menos en México y en América Latina, se trata de otro modo con el absurdo: ya se sabe, si Franz Kafka, el escritor checo que retrató tantas situaciones absurdas, hubiera sido mexicano, sería costumbrista… Se dice que algo es “kafkiano” justamente cuando es absurdo o insólito. Un policía en un crucero comiéndose una torta y hablando por su celular en vez de ordenar el tráfico puede resultar un tanto “kafkiano”…y costumbrista por no ser tan inusual.


Lo que nos ha interesado con estas palabras introductorias es prepararnos para entrar en el reino del sentido común. Podría parecer el lugar de la cordura, pero no forzosamente lo es, sobre todo por lo que los Hombres son capaces de hacer, justamente, en común. Hay quien ha dicho que el sentido común es el “folclore de la filosofía”. Y en efecto, pareciera que dicho sentido es una forma de ponerse filosófico, pero ¡cuidado! Que te guíes por el sentido común no quiere decir buen sentido. En otras palabras: lo común no es forzosamente lo bueno, menos en una época como la nuestra en que ese común nos viene dado, cuando no impuesto, con frecuencia por los medios de comunicación masiva. Pongamos un ejemplo sencillo, al tenor de las preguntas que llega a hacerte un neurólogo: ¿qué haces si notas que en un cine está comenzando un incendio? El sentido común dirá que hay que agolparse en alguna puerta de emergencia. El buen sentido puede sugerirte en cambio no reaccionar a tientas y a locas: en esa misma aglomeración de personas pueden atropellarse unas a otras y tal vez sea bueno que pienses tantito lo que vas a hacer, antes de salir disparado a salvarte a como dé lugar.


El sentido común también te puede llegar con otro “folclore de la filosofía”, el de los refranes. “A donde fueres, haz lo que vieres” puede ser algo no tan obvio si llegas a una comunidad donde hay fiesta con mucho peyote, por ejemplo, salvo que seas un viajero experimentado. “En casa de comunidad no hay que mostrar habilidad” te puede meter en un lío si en una reunión entre cuates te piden que saques la guitarra porque te han visto con ella y tú prefieres desafinar…Insistamos, lo “común” no es forzosamente lo “bueno”. Cada época tiene también su sentido común, y en la nuestra suele pedirse de cada quien que vea nada más por sí mismo: primero yo, después yo y al final yo porque estamos en la era de los individuos. Lo puedes hacer, pero no esperes demasiada solidaridad -salvo de tus familiares incondicionales, que a muchos nunca les faltan- si te metes en líos. Ser egoístas es la mejor manera de destruir el lazo social aunque creas que a ti sí te va a tocar la buena y en beneficio propio. Ya te lo dije: en este caso mejor no te caigas. Y curiosamente, puedes recordar que es desde lo común que se te está llamando a no ver más que por ti mismo y lo que sacas. ¿No se enseña en familia? Sí, en familia se enseña una buena parte del sentido común, incluido el de la época (“ch…antes de que te ch….” y otras perlas de la socialización). Puedes ser completamente egoísta porque te lo enseñaron -y consecuentaron- y no tener el menor criterio propio.


Es a lo que vamos: el sentido común son conocimientos, creencias y explicaciones que te da la sociedad. El buen sentido (bon sens, pues) es la sensatez, el buen criterio, el sano juicio, lo razonable. Y no me vas a decir que la sociedad actual te parece el lugar de todo lo que acabamos de enumerar. A diferencia del sentido común, el buen sentido -como cuando decimos “es un hombre de buen sentido”, o “tiene buen sentido”- es individual, es tu criterio, así te dé miedo tenerlo o creas que no debes ejercitarlo porque vas a ir…en sentido contrario. Hay países donde el sentido común recomienda pasarse los semáforos en rojo en las noches. Piénsalo, es decir, detente y frena: ¿ya pudiste entrever lo que puede ocurrir si no tienes buen sentido? Tranquilo, no te mandamos a Picacho para hacer lo que algunos filósofos llaman “la prueba del pudín” (sólo se puede saber de algo probándolo, como se sabe del pudín comiéndolo). Suponemos que estás en tu sano juicio: vas a explorar las salidas del cine que se está comenzando a incendiar y pensar en alternativas (o tal vez ayudar a alguien), vas a sacar la guitarra y darle un gustito a los cuates, y sobre todo, digamos que vas a evitar tirarte de buenas a primeras al peyote nomás porque toda la tribu -están entrenados, recuérdalo- te invita a ver a la Fuerza Aérea Mexicana Libre con mezcalito, en el entendido de que mezcalito es el dios chamánico de quienes mascan el mismo peyote y que eso de la Fuerza Aérea…pues es para despegar y ver caballos blancos en el cielo (me han platicado). Ya te sugerimos detenerte: cuando lo hagas, que sea para encontrar el buen sentido.

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