• Aarón Polo López

El corazón del MUNAL. Paisajes, esculturas, patadas y amigos

Hablar del arte, de los grandes maestros, de las corrientes artísticas, de las exposiciones del momento puede ser una plática interesante para ciertos grupos afines a estas manifestaciones culturales. Sin embargo, hablar de museos resulta relevante cuando se habla de los más destacados del mundo y se tiene oportunidad de visitarlos, o cuando hay que responder la pregunta ¿cuál es tu museo favorito? Una respuesta recurrente en el caso de México es el Museo Nacional de Arte, mejor conocido como el MUNAL. Este espacio con una de las colecciones más importantes de arte mexicano se encuentra en, para mi gusto, la plaza más bella de la CDMX y que lleva de nombre el apellido del autor del “caballito” y arquitecto del palacio de Minería, Manuel “Tolsá”, ubicados justo en frente del antiguo Palacio de Comunicaciones, hoy MUNAL.





Un ejercicio importante para los museos es siempre estar pensando en nuevos discursos y nuevas museografías con el fin de que el visitante siempre tenga un motivo para regresar. Adaptar los espacios, elegir los colores e iluminación adecuada, seleccionar las obras, realizar el montaje, es toda una sinfonía que puede sonar increíble y generar una experiencia única o, por el contrario, puede ser un soberbio desastre.


Un claro ejemplo de ello son los espacios que ocupan las espectaculares obras de José María Velasco, “genio de la pintura de paisaje y naturalista cientificista por gusto y profesión” como lo describiría uno de los especialistas de este artista mexicano. La sección de Velasco ocupa de manera estratégica el corazón del edificio del museo. Cerca de esas salas, se encuentra otro espacio de los más bellos, la Gliptoteca (colección de piedras grabadas o museo de escultura), que aloja obras como la Malgré tout de Jesús Contreras, El sueño de la sulamita de Enrique Guerra, o el colosal Tlahuicole de Manuel Vilar, por solo mencionar a algunos de los principales escultores mexicanos que pueden apreciarse desde todos los ángulos y con mucho detalle.





Para que estos espacios funcionen, la orquesta se conforma de diversas personas que tuve el privilegio de conocer y de convivir durante varios años. Me disculpo por no mencionar sus nombres para evitar omisiones, pero desde los custodios, hasta el director ponen su grano de arena para que la respuesta constante a la pregunta de ¿cuál es tu museo favorito? sea el MUNAL. Sin embargo, quiero destacar a uno de ellos que recientemente nos acaba de abandonar, y que tuve el privilegio de conocer en “las islas” de Ciudad Universitaria. Víctor Rodríguez Rangel, fue un destacado curador de este museo, especialista en Velasco y el Dr. Atl y regular jugador de futbol. Una de las mentes que armaron estos espacios y que los visitantes disfrutamos sin darnos cuenta del meticuloso, desgastante, pero siempre gratificante trabajo de investigación y guión museográfico. Cuando apreciamos las obras, salvo que seas un especialista en el tema, nadie comenta, “ya viste la pintura que usaron”, “la iluminación es perfecta”, “atinado colocar esta obra junto con esta otra”, simplemente nos avocamos a la contemplación y al disfrute, y que sea así es el objetivo. Las consecuencias de este apasionante trabajo es que te conviertas en un anónimo en un momento en que la era digital apela por lo contrario. Es precisamente por esta razón, que estas líneas las dedico a Víctor, para destacar su trabajo, para que quienes tengan la oportunidad de leer este escrito y que han asistido o irán al MUNAL piensen al menos por un instante en todos aquellos anónimos que nos hacen la vida más llevadera, que no solo nos dan un descanso, sino que nos curan el alma en estos tiempos de pandemia. Gracias a todos y cada uno de ellos, a los que estuvieron, a los que están y a los que estarán. Hasta siempre “Vic”.






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