• Hedda Hernández Romo

Compartir historias: una oportunidad tras el encierro

Actualizado: 22 de dic de 2020


Compartir historias? ¿Para qué nos sirve compartir historias?


En el encierro, a causa de la pandemia mundial de la COVID-19, nos hemos visto obligados a reorganizar nuestras actividades, ya fueran de trabajo, de escuela o personales. Tal reorganización implicó acomodar horarios y hasta nuevas actividades para (re) inventarnos en casa sin importar la cantidad de integrantes que nos encontráramos en ella, sobre todo si tenemos pequeños y hasta adolescentes. Lo cierto es que no hay para cuando termine el encierro y, a siete meses, en algunos casos la ociosidad se puede volver la madre de todos los vicios si no sabemos cómo recuperar el tiempo de calidad y no de cantidad para compartirlo con quienes nos rodean.


Pero ¿qué tiene que ver compartir historias con el tiempo de calidad? Tal vez hayas leído el texto de la almazuela de Aarón Polo, La ciudad de México y el cine, y cito: “En el caso del cine mexicano, cuando se coloca a la ciudad de México como protagonista, muestra sus múltiples formas que han servido de referencia para nuestros padres, para nuestros abuelos, donde reconocen lugares, cuentan sus historias, que son las nuestras, y que se identifican con personajes ficticios que trastocan la realidad para generar múltiples y complejas identidades.” Hago énfasis en <nuestros padres y abuelos donde reconocen lugares cuentan historias, que son las nuestras>: esta frase me lleva a invitarte al baúl de tus recuerdos, mantén unos breves minutos para pensar (ojo: retoma el concepto de “pensar” del video de la almazuela de Marcos Cueva) ¿alguna vez tus papás o tus abuelos o alguien mayor te contó alguna historia sobre la ciudad de México de su época? Estas historias cuando son contadas desde la oralidad se vuelven parte de nosotros, nos apropiamos de ellas ¿recuerdas alguna? ¿podrías compartirla con otros? Recordar nuestro proceso lector nos permite conciliar con la lectura y ser conscientes del momento en el que, por alguna causa ajena a nosotros, dejamos de hacerlo o nunca lo hicimos quizá de la mejor manera ni mucho menos.


Las historias son las que a través de la oralidad nos forman, nos transforman y se vuelven parte de nosotros, nos hacen reflexionar sobre lo que fuimos, lo que somos, lo que podemos ser, como comunidad, como sociedad y como individuos. Nos permiten ver y conocer otros contextos, otros mundos, otras miradas, otras vivencias, otras experiencias, otras creencias, despiertan la imaginación y por ende la creatividad en las personas. Si no compartimos historias nos creamos una sola historia “la que yo he vivido, la que yo he visto y no me permite ver a los otros”, porque como dice Chimamanda Adichie, mostramos a un pueblo como una sola cosa, una sola cosa, una y otra vez, hasta que se convierte en eso. Adichie advierte contra el quedarnos con una sola imagen de los pueblos, de lo que se dice de otros pueblos, de cómo se muestra a otros pueblos y a los países en otros lugares del mundo, dejándolos de alguna manera estereotipados a nivel mundial. Adichie menciona que el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos, haciendo de una sola historia la única historia. Cada uno de nosotros debe evitar quedarse con una sola historia de todo: responsabilicémonos por completar con historias para dejar de estereotipar la única historia de lo que vivimos, la única historia de lo que vemos a nuestro alrededor, la única historia de lo que leemos, de lo que oímos…


El contar historias, repetir trabalenguas, jugar a las adivinanzas, narrar leyendas o fragmentos que nos significan nos permite ver más allá de nuestros horizontes, de nuestro mundo inmediato, aprender de otras personas, otros mundos, vivir otros personajes.


Con la lectura en voz alta contamos historias sobre textos de autores que nos emocionan, con los que vibramos, que nos gustan y que queremos compartir con otros; desde los bebés hasta las personas de la tercera edad, porque compartir historias en lectura en voz alta es y siempre será un acto de amor.


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